9 de octubre de 2015

Red





Desgarros infinitos en tamaño y forma he sufrido por la salitre y el duro trabajo. Desgarros que Carmen remendaba en el muelle con rapidez y soltura mientras cantaba fandangos de Huelva entre suspiros y rezos.  Hilos, tijeras y agujas perforaban mi piel de algodón mientras Carmen, moño, pañuelo y labios pintados, soñaba con caricias y besos que estaban en alta mar.

Hoy, abandonada en el muelle, no olvido la noche de las tormentas, las maldiciones, los llantos y el desgarro. La noche en la que Carmen, mi Carmen, se convirtió en un barco a la deriva.






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